¿Está la macroeconomía moderna en crisis?
Por Jorge Gonzalez Izquierdo

Cuando uno analiza el desarrollo de la macroeconomía encuentra que ella evolucionó como consecuencia de la desautorización que la realidad dio a los modelos vigentes. Antes de que estalle la gran crisis de 1929 el modelo reinante era el Clásico que sostenía que los ciclos económicos existían pero eran leves y de corta duración. ¿Por qué? Porque los mercados con precios flexibles, información perfecta y agentes optimizadores tendían a estar permanentemente en equilibrio. Su recomendación de política económica era que el Gobierno no debería intervenir en los mercados y que de hacerlo, sería en el sentido de mejorar su funcionamiento (reformas estructurales). La gran crisis de 1929 los desautorizó. Aparece Keynes, quien formuló un modelo alternativo que explicó el porqué de la crisis y una política económica que corrigiera dicha situación. Los mercados funcionan con imperfecciones, no se ajustan por precios sino por cantidades. Una economía de mercado podría estar en equilibrio con desempleo por mucho tiempo. El Estado tendría que intervenir con una política económica de corto plazo, fiscal y monetaria activa para devolver la economía al pleno empleo. Era la única forma. En 1956, con Don Patinkin, se plantea un modelo conocido como de Síntesis Neoclásica, que reúne lo mejor de Keynes con lo mejor de los Clásicos.

Las conclusiones de Keynes son válidas para el corto plazo; mientras que las conclusiones de los Clásicos, lo son para el largo plazo. Este modelo, con la curva de Phillips, reinó en la enseñanza y en política económica hasta inicios de los años 1970. A partir de entonces, el modelo reinante entró en descrédito. Serios cuestionamientos teóricos, que llevaron a nuevos desarrollos (expectativas racionales), y la aparición del fenómeno de estanflación, inflación con desempleo a la vez, provocaron que el modelo de Síntesis se dejara de lado en el ámbito de la enseñanza y de la política económica. Aparecieron los modelos de la Nueva Macroeconomía Clásica, en su versión inicial de Lucas y en su versión actual de los ciclos reales, que rescatan el concepto primigenio clásico de agentes racionales y continuo equilibrio en los mercados. Su reto era explicar los ciclos en ese contexto. Y en política económica recomendaban reglas antes que discrecionalidad, dada la tendencia de los mercados de regresar rápidamente al equilibrio.

También hacen su aparición los modelos Neokeynesianos, que rescatan el concepto fundamental de Keynes de imperfecciones en los mercados, agregan factores de oferta a la explicación del ciclo y buscan dar sustento microeconómico a las imperfecciones del mercado. En política económica recomendaban el activismo. Estas dos tendencias caracterizaron la enseñanza y la política económica de los años 1980 y 1990. Sin embargo, desde comienzos de la década de 1990 y en todos estos años de la década actual, empezó a sentarse una nueva «síntesis» que recogiera lo mejor de la Nueva Macroeconomía Clásica y del neokeynesianismo. Aparecieron los modelos llamados dinámicos estocásticos de equilibrio general, con precios rígidos o lentos en moverse. Estos modelos constituyen lo que hoy se conceptúa como macroeconomía moderna y dominan la enseñanza en el nivel de graduado y la política económica. Pero otra vez, como en antaño, la realidad les acaba de dar un golpe muy duro con la crisis mundial actual.

Estos modelos no son capaces de explicar lo que está pasando con sus argumentos predilectos de retraso tecnológico, cambios de preferencias o política monetaria contractiva. El mundo ha tenido que volver su mirada a los modelos de antaño, que se consideraban superados u obsoletos. Especialmente aquellos que tratan de explicar la recesión y el desempleo con factores de demanda y oferta con precios rígidos; y a su política económica activista monetaria y fiscal. Le queda, pues, a los teóricos una formidable tarea: seguir buscando una nueva síntesis que dé origen a un modelo central, que tenga la capacidad de explicar la realidad y de curar sus enfermedades.