El problema de la Amazonía, que tuvo su detonante en el conflicto y desborde en Bagua el 5 de junio, con la muerte de nativos y policías, tiene profundas repercusiones en nuestro país. Al margen de la comprobación fehaciente de que el gobierno del señor Alan García y de los anteriores presidentes no tenía política de Estado sobre este particular, se ha tomado conciencia de que los peruanos tenemos que decir mucho y priorizar este problema social y político. Lo relevante del caso es que el economista De Soto y su Instituto Libertad y Democracia (ILD) han planteado una tesis, en la línea de su perspectiva, acerca de las virtudes de la propiedad frente a la problemática nacional, en especial, llevando sus ideas al escenario amazónico. De Soto es conocido internacionalmente por sus tesis para resolver la crisis mundial. Cuenta además con una red de recursos financieros extraordinaria.
Por ello, se espera que su primer informe sobre el tema de los indígenas amazónicos tenga la justificación pertinente. Para él, el problema es la defensa de la propiedad. En esta línea, personaliza el debate con el punto de vista del dirigente autoexiliado Alberto Pizango de la Asociación Interétnica para el Desarrollo Indígena de la Selva Peruana (Aidesep), al señalar que este último considera que hay un conflicto entre la realidad indígena, la propiedad y el Perú oficial. Nosotros hemos consultado a especialistas sobre este tema –personas que han trabajado en la selva mucho antes del llamado «baguazo»– y comparamos sus propuestas con la presentada por De Soto, que la resume en el hecho de que «no es posible que en pleno siglo XXI controlar territorios, proteger valores culturales ni vencer la pobreza, sin empresa ni propiedad». Por otro lado, vemos que los mencionados investigadores de la zona, que trabajan con recursos limitados la problemática de la Amazonía, no son mayormente escuchados por las diferentes instancias públicas y privadas. Es obvio que el diagnóstico de estos investigadores es muy diferente al del De Soto, cuando señalan que «enfrentar el desarrollo nacional significa, en primer término, articular los distintos espacios, regiones y culturas».
En ese sentido, el mundo amazónico requiere de un desarrollo en función de sus invalorables riquezas, tanto culturales como naturales, respetando su identidad y su soberanía sobre sus territorios. Debemos tomar conciencia de que estamos frente a una vasta extensión territorial de difícil acceso y rica en biodiversidad, una de las mayores del planeta, ya que agrupa treinta y uno ecosistemas, más de siete mil especies de flora, casi setecientas especies de peces. Lamentablemente, el uso actual de la tierra ha generado una degradación de los suelos, contaminación de sus aguas, deforestación y amenaza a la supervivencia de numerosas especies. A pesar del desarrollo existente en diversas áreas y en plena globalización, aún existe una pobreza extrema, que es una muestra de la indiferencia de todos los sectores, pues llega a niveles alarmantes; por ejemplo, el de la desnutrición infantil, que supera fácilmente el 50% en la Amazonía. Volviendo al diagnóstico y a la tesis de De Soto, más que viable técnicamente, su postura fuerza una circunstancia con sentido de la oportunidad respecto de la Amazonía para justificar su modelo «empresa, propiedad, mercado».
Como se puede desprender de lo señalado anteriormente, su enfoque es completamente reduccionista, pues considera una sola dimensión, como la señalada, ante un asunto muy complejo. El tipo de propiedad y titulación indígenas que él propone, va de la mano supuestamente con el que los indígenas habrían ya hecho de motu proprio, pero que no tiene el reconocimiento legal del Perú oficial. Sin duda, esto constituye un precedente nefasto y constituiría un generador de conflictos, que podría multiplicarse ad infinitum. A su vez, esto haría muy difícil el manejo integral y de conjunto de los ecosistemas amazónicos. El sistema social de la Amazonía no puede negar una identidad sociocultural y obviar el tema de las etnias y de la identidad. No se trata de una oportunidad para hacer negocios en la selva o apuntalar la tesis del Presidente de la República (a propósito de sus escritos denominados «El perro del hortelano», de carácter privatizador).
Por último, tenemos que tomar en cuenta el valor estratégico de la Amazonía y del requerimiento de decisiones urgentes que den prioridad a la promoción de las capacidades de los recursos humanos, protección de los recursos naturales, preservación del medio y creación de sistemas de gestión empresarial que consideren su rica biodiversidad. Asimismo, que se busque un modelo de desarrollo en el mercado, dentro de la economía moderna, con un criterio inclusivo, que respete la interculturalidad existente.
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