Viviendo en el pasado como El gran Meaulnes (Gino Bragagnini)
Por Gino Bragagnini

La vida ha cambiado. Si miramos siempre al pasado y lo comparamos con nuestra existencia actual, con certeza se puede afirmar que esta ha cambiado. Puede ser en un nivel de detalle o en uno radical, pero nuestra vida nunca es monótona. Desde cosas triviales, como con qué personas interactuábamos el año pasado en relación con este año, hasta las horas que programamos para diferentes actividades en el día, todo muta, todo es volátil. A veces, no nos damos cuenta; sin embargo, nuestra vida ha cambiado.
Si bien la vida cambia, aferrarse al pasado y rechazar lo que el futuro nos depara es un tema recurrente. Es decir, no importa cuántas veces añoremos algún hecho o momento pasado, este no volverá.
Con esto, recuerdo al protagonista del libro El gran Meaulnes del francés Alain Fournier:
Meaulnes, buscador de la felicidad, se aferró tanto al momento feliz que encontró en el pasado, al enamorarse de una joven de inefable belleza en una recepción matrimonial en la cual entró como fisgón. Esta experiencia cambia su existencia para siempre. Sin darse cuenta, él vivía su recuerdo del pasado sin ver hacia adelante. Cuando se reencuentra con su amada, de manera implícita, nos damos cuenta que el pasado no puede regresar, ya que es un recuerdo de lo que ya pasó. Podemos revivirlo en nuestra mente con riqueza de detalles, pero no volverá y si regresa no lo hace como se recordaba.
El pasado queda en el recuerdo, en la memoria. El regresar al pasado trae recuerdos guardados, atesorados o enterrados sobre algún momento del pasado; sin embargo, no se le reconoce como un tiempo que ya ocurrió y no volverá a ocurrir en la vida de la misma manera.
Meaulnes vivió aferrado a su pasado y a una deuda con Franz; uno de los personajes de la novela, al cual debe su “recuerdo feliz” y la promesa de buscar “juntos” esa felicidad; de aquellas que solo se pueden pagar con el honor y la propia sangre.
Meaulnes desperdició la oportunidad de ser realmente feliz al lado de su amada, por creer en una esperanza del pasado que jamás volvió; no obstante, encontró al final de la novela un camino hacia el futuro, cuando su amada muere. Sin embargo, descubre que aún tiene “aventuras por vivir” al lado de su hija, que llega a conocer luego de un largo viaje en búsqueda de resarcir su recuerdo del pasado. Meaulnes parte con su hija en brazos y se pierde en el horizonte a vivir el futuro y nuevas aventuras.
¿Por qué tienen que pasar golpes en la vida para darnos cuenta de que pudimos ser felices? ¿Por qué el pasado tiene ese poder tan hipnótico de hacernos caer en esperanzas vanas de momentos felices que no volverán? Somos tan ciegos que el pasado nos nubla la vista y perdemos la oportunidad de ver la luz al frente de nuestro sendero. La luz sí existe en la vida, pero esa luz es un momento feliz hacia adelante, que tiene una duración finita.
No podemos retroceder para poder encontrar esa luz del pasado, ya que en ese momento la luz ya habrá desaparecido, tanto cuando damos un paso hacia atrás como hacia adelante. La felicidad es un momento que, mientras dure, debemos alcanzar y vivir a plenitud. Es la luz que aparece y nosotros corremos tras de ella hasta alcanzarla. No obstante, a veces somos como Meaulnes y vivimos aferrados al pasado, sin darnos cuenta de que no avanzamos y vivimos más en penumbra, con la esperanza en nuestra cabeza de la luz pasada, como luciérnaga que vuela alrededor de una ciénaga desolada y sombría en busca de otras como ella.
El pasado no volverá, estará vivo en nuestra memoria, pero siempre hay una esperanza de recuerdos nuevos tan o más felices que los anteriores, si estamos dispuestos a caminar hacia adelante. Tal era la idea de Fournier. Sin embargo, la Primera Gran Guerra le arrebató la oportunidad de plasmar las futuras aventuras de El gran Meaulnes.